TRABAJAR Y TRABAJAR.

La vida de becario es dura. Sobre todo cuando tienes que buscarte otro curro para poder pagar el piso, la luz, el agua, la cesta de la compra, y ahora… ¡La calefacción!.

Dejas de ser persona para transformarte en un reloj que da más horas que gotas de agua tiene el mar. Las noches son amigas lejanas, con las que coincides unas escasa horas para dormir. (Y encima una de esas noches un saltamontes te ataca y se te enreda en el pelo mientras caminabas por el desierto) Sueños a parte… Duermes poco, y comes mal. Trabajas mucho y el dinero se lo queda Vodafone (en mi caso).

Pero todo tiene sus cosas buenas. Aprender a hacer lo que más te gusta dándole un toque profesional a tus trabajos; tener bonitas ideas para personas a las que quieres; aprender a buscarte la vida un poquito más cada día. Pasar momentos geniales en casa con las amigas, compartiendo el día a día con ellas.

Además, estoy teniendo la oportunidad de darle caña a algo que siempre me ha gustado mucho. Escribir, y escribir. Estoy aprendiendo a expresar mis ideas para que se entiendan bien. Es complicado transmitir lo que piensas, lo que está dentro de tu cabeza. Pero voy aprendiendo. De momento me paso días escribe que te escribe, pero espero que dentro de poco pueda expresarme oralmente con fluidez y claridad.